Unicameralidad o bicameralidad: el debate incómodo.

Actualizado: mar 3

Desde la constitución de 1833 en adelante, que Chile tiene un congreso compuesto por dos cámaras legislativas: el senado y la cámara de diputados. La bicameralidad se instaló así en los cimientos del sistema político chileno, como una de las características orgánicas de nuestra institucionalidad.


La motivación del constituyente para establecer este sistema, más propio de países federales y monárquicos, fue procurar una generación legislativa de calidad, al someter las iniciativas de la cámara baja a la revisión del senado, compuesto tradicionalmente por individuos de mayor edad y experiencia. Esta idea se refleja en el simbolismo del edificio del Congreso, donde los diputados legislan de cara a una gran placa de cobre en bruto, mientras que los senadores lo hacen frente a otra, pulida y reluciente.


Cierto es también que un legislativo fuerte y robusto ha funcionado en nuestra historia como un efectivo freno al excesivo poder que en los sistemas presidencialistas concentran los jefes de Estado. Ambas ideas muy propias del conservadurismo tradicional de nuestro constituyente, en su afán de establecer una democracia moderada y protegida.


Sin embargo, y a casi dos siglos de tradición bicameral, hoy es legítimo y necesario preguntarse si es ese el mejor sistema legislativo para Chile. Ante la evidente crisis de representatividad de nuestro congreso, la ciudadanía ha puesto de relieve en sus demandas los inconvenientes de nuestra producción normativa, destacando la excesiva demora en la tramitación de los proyectos.


Claramente, este debate no se dará solo. La decisión estará vinculada a otras de enorme trascendencia para el diseño del nuevo Chile, como la configuración del tipo de Estado, unitario o federal, y la del sistema de gobierno, presidencialista u otro.


Estas discusiones, extrañas a la tradición constitucional chilena del siglo XX, pueden parecer extravagantes o lejanas a nuestra realidad, pero serán obligadas para los convencionales constituyentes, en miras al Chile del Siglo XXI. Es, además, la primera vez que un organismo realmente representativo tendrá la oportunidad de hacerlo, ya que hasta hoy era derechamente imposible que una de las cámaras del congreso, en el contexto de una reforma constitucional, se derogase a sí misma.


El Chile del mañana deberá construirse considerando y analizando todas las opciones, por incómodas que resulten algunas ideas para los sectores más conservadores de nuestra sociedad. La unicameralidad es una opción con ventajas y desventajas, independiente de si es o no el sistema que en definitiva adoptemos, la sola oportunidad de definirlo en una instancia constituyente popular y democrática será un hito de legitimidad en el futuro consenso social que determinará nuestra institucionalidad.


¿Y tú, qué opinas? Déjanos tu comentario y contribuye al debate del Chile del mañana.


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